Nuestra historia empezó en algún momento en los 1870s, cuando la India era la joya más brillante de la corona colonial.

 

Había emoción por todas partes. El abuelo de Debes Chandra Ghose, Gopal Chandra Ghose, un abogado en el pueblo próspero de Jalpaiguri, fue testigo de la transformación del paisaje en su entorno. Cada año se sembraba extensiones inmensas con el té. Al mismo tiempo, se transportaba montones de obreros en trenes de las regiones vecinas, para trabajar en las plantaciones del té con costo laboral en el noreste de la India.

 

Gopal Chandra Ghose se atrevió a tener una ambición. Reunió a un grupo de amigos, y en forma conjunta solicitó por el permiso para establecer una plantación del té. Había un problema pequeño- no se les permitía a los indios tener una participación en la industria del té. Ni uno sólo se disuadió por las cuestiones tan triviales, sino él siguió insistiendo y, por fin, el permiso fue concedido. El año fue 1879. El sueño de Gopal Chandra Ghose empezó a fundirse con la realidad con el establecimiento de la primera plantación del té poseída por un nativo indio.

 

Al desarrollar las décadas, las generaciones sucesivas alimentaron y fortalecieron el negocio familiar del té, dedicando toda su vida a esta industria muy particular.

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